Sospecho que t odo lo ocurrido no es fortuito, sino que corresponde a un destino dibujado antes de mi nacimiento y EstebanGarcía es parte de ese dibujo.
Es un trazo tosco y torcido, pero ninguna pincelada es
inútil. El día en que mi abuelo volteó entre los matorrales del río a su abuela, Pancha
García, agregó otro eslabón en una cadena de hechos que debían cumplirse. Después
el nieto de la mujer violada repite el gesto con la nieta del violador y dentro de
cuarenta años, tal vez, mi nieto tumbe entre las matas del río a la suya y así, por los
siglos venideros, en una historia inacabable de dolor, de sangre y de amor. En la
perrera tuve la idea de que estaba armando un rompecabezas en el que cada pieza
tiene una ubicación precisa. Antes de colocarlas todas, me parecía incomprensible,
pero estaba segura que si lograba terminarlo, daría un sentido a cada una y el
resultado sería armonioso. Cada pieza tiene una razón de ser tal como es, incluso el
coronel García. En algunos momentos tengo la sensación de que esto ya lo he vivido yque he escrito estas mismas palabras, pero comprendo que no soy yo, sino otra mujer,
que anotó en sus cuadernos para que yo me sirviera de ellos. Escribo, ella escribió,
que la memoria es frágil y el transcurso de una vida es muy breve y sucede todo tan
deprisa, que no alcanzamos a ver la relación entre los acontecimientos, no podemos
medir la consecuencia de los actos, creemos en la ficción del tiempo, en el presente, el
pasado y el futuro, pero puede ser también que todo ocurre simultáneamente, como
decían las tres hermanas Mora, que eran capaces de ver en el espacio los espíritus de
todas las épocas. Por eso mi abuela Clara escribía en sus cuadernos, para ver las cosas
en su dimensión real y para burlar a la mala memoria. Y ahora yo busco mi odio y no
puedo encontrarlo. Siento que se apaga en la medida en que me explico la existencia
del coronel García y de otros como él, que comprendo a mi abuelo y me entero de las
cosas a través de los cuadernos de Clara, las cartas de mi madre, los libros de
administración de Las Tres Marías y tantos otros documentos que ahora están sobre la
mesa al alcance de la mano. Me será muy difícil vengar a todos los que tienen que ser
vengados, porque mi venganza no sería más que otra parte del mismo rito inexorable.
Quiero pensar que mi oficio es la vida y que mi misión no es prolongar el odio, sino
sólo llenar estas páginas mientras espero el regreso de Miguel, mientras entierro a mi
abuelo que ahora descansa a mi lado en este cuarto, mientras aguardo que lleguen
tiempos mejores, gestando a la criatura que tengo en el vientre, hija de tantas
violaciones, o tal vez hija de Miguel pero sobre todo hija mía.
Mi abuela escribió durante cincuenta anos en sus cuadernos de anotar la vida.
Escamoteados por algunos espíritus cómplices. se salvaron milagrosamente de la pira
infame donde perecieron tantos otros papeles de la familia. Los tengo aquí, a mis pies,
atados con cintas de colores, separados por acontecimientos y no por orden
cronológico, tal como ella los dejó antes de irse. Clara los escribió para que me
sirvieran ahora para rescatar las cosas del pasado y sobrevivir a mi propio espanto. El
primero es un cuaderno escolar de veinte hojas, escrito con una delicada caligrafía
infantil. Comienza así: «Barrabás llegó a la familia por vía marítima...»:.